¿Te acuerdas de cuándo tu madre te gritaba para que recogieras tu cuarto?

Parece que la estoy viendo…. de pie, en la puerta de la cocina, con el delantal puesto y estrujando el secamanos, con las manos mojadas… “¡¡¡¡Mayteeee!!!!¿¿¿Has recogido ya tu cuarto o qué???!!!! ¿¿¿Cuántas veces tengo que decirtelo???!!!”

¿Te suena la escena?

Ya no sólo me llamaba a voces para recoger el cuarto, también para guardar la ropa, poner la mesa, recoger los platos…. y eso que yo era de las que se ponía en marcha “enseguida”

No me gusta recordar a mi madre así: agobiada, llevantando la voz, jurando en arameo, repitiendo cual mantra esas frases de:

  • “Es que lo tengo que hacer todo yo sola si quiero que esté bien hecho.”
  • “Todo es para mi.”
  • “Con un poquito que hagáis cada día, entre todos lo tenemos hecho en un pis pas.”
  • “Cualquier día cojo la puerta y ahí os quedáis.”
  • “Que no cuesta tanto, en media hora lo tienes hecho, venga!!!”

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Lo que me resulta curioso es que mi madre dijera esto, pues mi padre siempre ha hecho trabajo de casa (menos planchar, que el hombre se niega igual que yo) y siempre lo he visto con el cesto de la ropa, la aspiradora, el trapo del polvo, la sartén…. Quiero decir, que no era ella sola la que se lo cargaba todo.

Cuando me acuerdo de esto, también recuerdo la sensación de agobio y prisas que me entraba, y consecuentemente las ganas de salir huyendo para hacer cualquier otra cosa menos lo que me estaba gritando.

Lo cierto es que hasta hace un tiempo yo también hacía lo mismo que mi madre: me desesperaba y gritaba para que mis hijos hicieran su parte de tareas y siguieran las rutinas diarias de las mañanas o de las noches. Esto era así hasta que me plantearon una pregunta:

¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos cuándo sean mayores?

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La simple idea de que me recordaran gritando y dando órdenes cual sargento mayor de los ejércitos, me horrorizó, así que me puse manos a la obra para hacer que las rutinas en casa no fueran motivo de malestar, sino todo lo contrario.

Busqué técnicas y adapté sistemas de organización y planificación que leí en libros, hice cursos y pasé tiempo implementando lo aprendido. No ha sido cosa de dos días, ni mucho menos, pero con la ayuda adecuada y el apoyo necesario, se consigue un ambiente familiar libre de estrés la gran mayoría del tiempo.

Si tú quieres conseguirlo, puedes.

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