Respeto a los niños

Esta semana ya están más calmados los ánimos con respecto a la presencia del bebé de la diputada Carolina Bescansa en el Congreso de los Diputados, así que he considerado que después de reflexionar, observar y debatir, es el momento de dar nuestra opinión desde RENOVATIO.

Nosotras no entramos en la utilización política del bebé en cuestión, pero sí que queremos decir qué nos pareció el hecho de que su madre lo llevara con ella a tan ilustre lugar.

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Nada mejor que llevar a su hijo al Congreso de los Diputados para hacer visible a esa parte de la población que parece ser invisible y, en bastantes ocasiones, ninguneada.

Comprendemos que hay profesiones en las que no se puede llevar a un bebé, pero defendemos el derecho de los bebés y de los niños de ser atendidos debidamente. Llevar al bebé al Congreso de los Diputados no suponía nigún peligro para el bebé, y su madre pudo realizar su trabajo sin ningún problema.

Hubo señorías y opiniones públicas totalmente en contra de que el bebé acompañase a su madre al hemiciclo. La gran mayoría de estas argumentaciones en contra (por no decir todas) no estaban considerando las necesidades de los niños, simplemente los observaban desde el punto de vista  de los adultos, considerándolos como una carga que tiene que estar apartada mientras se trabaja y se hacen cosas “más importantes” que criar.

Y yo me pregunto ¿Qué puede haber más importante que criar y educar a una persona?

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Quizá si sus señorías se parasen a pensar en esta pregunta y cayeran en la importancia tan grande que tiene la crianza y la educación para el buen funcionamiento de la sociedad, encontrarían la solución a muchos problemas que ahora mismo tienen.

La verdadera educación se adquiere en el seno de la familia, son los progenitores los que transmiten los valores a sus hijos. Por muy buena que sea una guardería (sólo el nombre me espanta), por muy fantásticas que sean las educadoras que atienden a los bebés y niños, nunca van a poder compararse a la compañía y presencia de una madre para su bebé.

Los niños no tienen ni voz ni voto, pero en nuestras manos y en nuestras voces está la capacidad de dárselo. Seamos sus voces y sus votos, y hagamos entender que los niños respetados y con sus necesidades físicas y afectivas bien cubiertas, serán adultos totalmente capaces y bien preparados para dirigir naciones.

firmaNaranja

MAYTE

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